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De la indignación ... a la lucha siempre

 

Estamos en la calle. Por fin existe un conato de respuesta social frente a la situación desoladora que sufrimos todos de forma más o menos draconiana. Sobran los motivos para indignarse. No vale la pena enumerarlos aquí. Todos ellos significan para la mayoría de nosotros miseria social, miseria intelectual, miseria material...

El principal responsable de la situación actual es la economía capitalista basada en el trabajo asalariado y la ley del valor, independientemente de quienes, democráticamente o no, tienen las riendas del Estado.

El sistema capitalista, basado en la explotación de los que sólo tenemos nuestra fuerza o capacidad de trabajo que venderle para poder sobrevivir, está en plena crisis económica mundial (dice) y por ello se ve obligado (¡pobrecito!) a atacar más duramente si cabe, nuestras condiciones de “existencia”. En este tema, el consenso es absoluto entre las grandes fuerzas políticas, de “derechas” como de “izquierdas”. En cuanto a las pequeñas que aspiran a uno o varios escaños, no tendrían otra solución que plegarse a la ley de la economía capitalista si por ventura llegaran a colaborar en un gobierno, e inclusive si lograran tener el suyo propio. Adoptando la lógica del capital sólo se puede hacer política capitalista. Y no hay reforma que valga para impedir que el mundo de la mercancía nos pisotee siempre y nos trate como basura si ya no nos necesita.

Además, resuelva o no sus dificultades, niños y adultos seguirán muriendo de hambre y en guerras de rapiña capitalistas cada día en el mundo; los parados seguirán ingeniándoselas como puedan para sobrevivir, los trabajadores con tripalium seguirán alienando su tiempo de vida por un salario de miseria vendiendo lo único que poseen, su fuerza de trabajo, convirtiéndose así en la única mercancía capaz de añadir valor al valor capitalista existente. En pocas palabras, seguiremos alimentando o contribuyendo a alimentar a la clase capitalista. Sin la clase trabajadora, sin su esclavos asalariados, sin el proletariado, el capitalismo no es nada.

Es obvio pues que la única solución es la revolución social e internacional. Es obvio pues que los que forman parte de la masa explotada son los que han de cambiar y pueden cambiar MUNDIALMENTE un sistema que además de degradar al ser humano está dañando la naturaleza de forma irreversible. Para lograr este objetivo hemos de organizarnos, hemos de seguir organizando debates en las plazas de “nuestras” ciudades, hemos de continuar hablando y actuando en nuestros lugares de trabajo, hemos de organizar YA la lucha común de los que están en paro y de los que tienen un trabajo, hemos de tejer la nueva asociación de los explotados solidarios.

El capital no necesita tanta mano de obra durante 40 horas semanales para seguir acumulándose. Pues bien, ataquémonos a su acumulación imponiendo la disminución drástica de las horas de trabajo con aumento de salario, no permitiendo que exista un solo parado angustiado por el día a día. Solidaridad proletario activamente explotado y proletario en paro.

El capital tiene a sus interlocutores fijos para negociar lo que mejor le conviene entre patronal, Estado y Sindicatos. Pues bien, rechacemos sus negociaciones e impongamos nuestra propia autoorganización para hablar, actuar y decidir lo que mejor nos convenga a nosotros.

Las fuerzas políticas capitalistas se opondrán por todos los medios a semejante movimiento social. Pues bien, derrotémoslas destruyendo su Estado e imponiendo la voluntad de los proletarios autoorganizados.

¡Abajo la esclavitud asalariada! ¡Viva la sociedad sin clases, sin Estado y sin fronteras!

Asociación por la Revolución Social Mundial